Fauna aragonesa: “El buitre leonado, siempre hambriento”. El boca a boca a atrae naturalistas de toda Europa a este desolado lugar cerca de Santa Cilia de Panzano, en la Sierra de Guara. Lunes, 22 de Noviembre del 2010. Foto: Buitre leonado. Kees Woutersen.
Kees Woutersen (naturalist
a holandés afincado en Huesca). Vemos que los buitres se dejan caer sin miedo del cielo. La pelea empieza el mismo instante en que tocan tierra. Todos dan empujones y picotazos, pegan con sus alas a los más cercanos y hasta con miradas agresivas intentan alejar al otro.
Septiembre, 2010. Hoy hay unas 60 personas viendo cómo comen los buitres leonados. Es un espectáculo y las visitas educativas se han hecho tradición. Aún me acuerdo que hace 20 años fui el único visitante de este acto que Manuel Aguilera, del Fondo Amigo del Buitre (FAB), ejerce cada 15 días. Ahora el boca a boca atrae a naturalistas de toda Europa a este desolado lugar cerca de Santa Cilia de Panzano, en la Sierra de Guara.
Mira, allí dos buitres tiran del mismo trozo de carne y “bailando” van ladera abajo. Uno intenta deshacerse del otro con un aletazo pero su adversario gana ventaja posicionándose encima de él. Ahora él da un estirón fuerte, lo gana y traga la carne de un bocado. En el medio del grupo no se distinguen los individuos. Es un revuelo constante, un grupo compacto en continuo movimiento. Se ven plumas por todas partes pero no se ve si pertenecen a ese buitre o al otro.
Los que se dejan caer del cielo aterrizan en el medio del grupo, justo donde más pelea hay y los que toman tierra cerca se meten en seguida en la pelea. Intentan tragar trozos que parecen demasiado grande y lo consiguen, echándose un instante más tarde encima de otro. Todo se mueve y el desorden es total. Alguno consigue alejarse con su comida pero un buitre nuevo se mete con él y se lleva la carne. Y entonces, de repente, todos estiran el cuello y miran a su alrededor. Es como si no se fiaran, como si esperaran algún peligro cerca.
Estamos a menos de 50 metros, todos con la mirada fija en el espectáculo que nos quita el aliento. ¿Se asustarán alvernos? No, los buitres siguen comiendo pero ahora con más tranquilidad. Se ve que queda poca comida y los primeros se levantan. Ahora toman el aire y pocos quedan para comer los restos. Todo ha durado 15 minutos. Nos levantamos en silencio para alejarnos. Los visitantes que han venido al muladar por primera vez se extrañan de que los buitres se hayan comportado como si no nos hubieran visto.
Kees Woutersen (naturalist

Septiembre, 2010. Hoy hay unas 60 personas viendo cómo comen los buitres leonados. Es un espectáculo y las visitas educativas se han hecho tradición. Aún me acuerdo que hace 20 años fui el único visitante de este acto que Manuel Aguilera, del Fondo Amigo del Buitre (FAB), ejerce cada 15 días. Ahora el boca a boca atrae a naturalistas de toda Europa a este desolado lugar cerca de Santa Cilia de Panzano, en la Sierra de Guara.
Mira, allí dos buitres tiran del mismo trozo de carne y “bailando” van ladera abajo. Uno intenta deshacerse del otro con un aletazo pero su adversario gana ventaja posicionándose encima de él. Ahora él da un estirón fuerte, lo gana y traga la carne de un bocado. En el medio del grupo no se distinguen los individuos. Es un revuelo constante, un grupo compacto en continuo movimiento. Se ven plumas por todas partes pero no se ve si pertenecen a ese buitre o al otro.
Los que se dejan caer del cielo aterrizan en el medio del grupo, justo donde más pelea hay y los que toman tierra cerca se meten en seguida en la pelea. Intentan tragar trozos que parecen demasiado grande y lo consiguen, echándose un instante más tarde encima de otro. Todo se mueve y el desorden es total. Alguno consigue alejarse con su comida pero un buitre nuevo se mete con él y se lleva la carne. Y entonces, de repente, todos estiran el cuello y miran a su alrededor. Es como si no se fiaran, como si esperaran algún peligro cerca.
Estamos a menos de 50 metros, todos con la mirada fija en el espectáculo que nos quita el aliento. ¿Se asustarán alvernos? No, los buitres siguen comiendo pero ahora con más tranquilidad. Se ve que queda poca comida y los primeros se levantan. Ahora toman el aire y pocos quedan para comer los restos. Todo ha durado 15 minutos. Nos levantamos en silencio para alejarnos. Los visitantes que han venido al muladar por primera vez se extrañan de que los buitres se hayan comportado como si no nos hubieran visto.