Ascensión al Tozal de Guara de la Asociación Cultural Santa Bárbara

El sábado 20 de Abril de 2013 salimos sobre las 7:30... y tras alcanzar la cima en una jornada estupenda que todos recordaremos durante largo tiempo, por la tarde todos celebramos en casa el éxito de nuestra excursión.

El hombre que susurraba a los buitres

El hombre que susurraba a los buitres

Más de 200 carroñeros nos rodeaban con mirada torva en el comedero de Santa Cilia


Un buitre observa con interés al autor del artículo en la pedriza de Santa Cilia, en el parque de la Sierra y los cañones del Guara. / JACINTO ANTÓN
Los buitres, decenas de ellos, planeaban sobre mi cabeza. El paisaje se abría en largos barrancos sobre un horizonte inabarcable. Hacía frío. Los grandes pájaros descendían majestuosos y hambrientos. Me pellizqué a través del anorak, pero no era un sueño. Al cabo de un rato estaba sentado en medio de dos centenares de enormes buitres leonados. Uno se acercó con un caminar zancajoso hasta menos de un metro de mi cara y, lamiéndose el pico, me escudriñó con sus grandes ojos marrones que aparentaban indiferencia. Yo tragué involuntariamente saliva y procuré parecer muy vivo.
Tal y como están los tiempos ir a ver buitres es sin duda una actividad aleccionadora. Eso me dije cuando una amiga, Gemma, me propuso una excursión para observar a esas aves en Huesca. “¿No te gustan tanto los pájaros? Pues allí vas a tener más de los que te imaginas”. Me tenía que haber puesto en guardia el sonsonete pero, ya lo apuntó Esquilo, nos pierde la vanidad y yo me las doy de consumado birdwatcher, así que un viernes partimos un abigarrado grupo —una mayoría pensando más en la ruta del vino de Somontano que en las emplumadas criaturas— hacia nuestro Cáucaso particular, que en este caso se encontraba en el parque natural de la Sierra y los cañones del Guara, en el Alto Aragón.
Dado que en la aventura también participaba mi competidor más directo en la observación de aves, Evelio P., ducho en tantas triquiñuelas como yo a la hora de dar ánsar común por barnacla cuellirroja, me documenté extensamente sobre los buitres, para no perder comba y destacar en las sobremesas. Como siempre, acabé leyendo lo más inquietante. “Si usted camina deliberadamente entre un grupo de buitres cuando están comiendo se encontrará con unos monstruos siseantes que recelarán y escaparán volando hasta el árbol más cercano”, señala Roger Caras en Dangerous to man (Pelican, 1978). “Pero a veces no. Debe precaverse ante algunos individuos que no les gusta ser molestados y responden agresivamente ante las interferencias” (el subrayado es mío). En otro de mis libros de cabecera, Deadly animals, savage encounters between man and beast (Penguin, 2010), Gordon Grice es más concreto y, entre otras cosas, explica el caso de un motorista atacado por un buitre en Nueva Jersey y que tratando de escapar del ave se mató al chocar contra un coche. Sonaba ominoso.
Pasamos la noche en Carmen de Arnas, una encantadora y romántica hasta decir basta casa de turismo rural en Colungo. Tuve pesadillas, pero creo que fueron los gin-tonics.
A la mañana siguiente partimos hacia la gran aventura. Atravesando una tierra ancha y hosca pero grandiosa llegamos a Santa Cilia de Panzano, donde Laura, una especie de Marian de Sherwood encarnada en responsable del centro de interpretación del parque, nos puso en manos de José Manuel Aguilera (sic), presidente del Fondo de Amigos del Buitre (www.fondoamigosdelbuitre.org), que no es un fondo de inversión, sino una entregada asociación que vela por ellos, por los buitres. En pos de Manuel, un tipo notable donde los haya, caminamos por un sendero hacia el comedero en la montaña en el que se suministra pitanza a los buitres. Cuando vi que nuestro cicerone cargaba una carretilla con despojos ensangrentados empecé a preguntarme si aquello había sido una buena idea. Confíé en que los buitres sabrían distinguir entre una pata de cabra y yo.
El ánimo del grupo, que hasta entonces había sido de qué buenos son los padres escolapios, qué buenos son etcétera, mezclado con efluvios de Seagram’s, se fue ensombreciendo durante el ascenso hacia la pedriza de Santa Cilia, especialmente cuando empezaron a sobrevolarnos los primeros buitres, grandes como B-29, atraídos por la presencia de Manuel —que se había puesto un llamativo impermeable rojo sangre— y su promesa de carroña.
A la vista de que en el lance Manuel era el hombre a tener a favor traté de intimar con él, de especialista a especialista, haciendo ostentación de mis binoculares Swarovski y subrayando qué distinto era yo del resto de la tropa, incluido un ornitólogo inglés que se nos había sumado. Manuel me miró con el interés que uno pone en un zarapito vulgar mientras yo le hablaba, jadeando al caminar, de los marabúes del Mara River y de la devoción de los antiguos egipcios por los buitres, que los hicieron representación de la diosa Nekhbet y colocaban en sus garras el signo de infinito, shen.
Pero él iba explicando cosas a su aire, aleccionando al grupo y preparándolo cuidadosamente para el encuentro. “Los buitres son una república, todos vigilan, todos comen, así ha sido siempre”, decía entrelazando de manera hipnotizante en su relato ciencias naturales, experiencias personales y sabiduría popular. Qué tipo. “No vienen aquí por hambre, ya lo hacían antes de que en 2005 cerraran los muladares, les gusta el sitio”. Manuel, que cantaba sus virtudes —son fieles a la pareja, no atacan a seres vivos, comparten, no se pelean, son sostenibles— deplora que las cosas no van bien para los buitres (¡toma!, ni para nadie). Les tiene un cariño especial. “Son muy limpios, tienen que serlo dado su oficio; se están acicalando continuamente y tienen un ácaro que se les come los restos de carne podrida que les queda entre las plumas. También se orinan y excrementan en las patas para desinfectarse”. Carlos Trías, que le ayudaba con la carretilla, puso una cara rara. Los buitres, entretanto, se iban juntando en la pedriza emitiendo un gruñido intranquilizador. “Aquí grabaron sus voces los de Hollywood para ponerlas a los dinosaurios de Parque Jurásico”, apuntó alegremente Manuel. Sus últimas instrucciones antes de acceder al lugar de encuentro y hacernos sentar en el gran anfiteatro natural no dejaron de parecerme inquietantes: “No acerquéis las manos, los picos cortan como bisturíes. Fijaros si se excitan: les sale un moquillo por la nariz y estornudan”. Me dije que al primer estornudo yo me lanzaba pedrera abajo, y que me pillaran.
Así que de repente ahí estábamos, sentados, muy quietos, entre una multitud de alados necrófagos, dos centenares largos, contó Manuel, que se zamparon en segundos el contenido de la carretilla volcada. Cada uno de nosotros permanecía enfrascado en sus pensamientos. Los míos eran sombríos.
“Bueno, pues esta es mi familia, parte de ella”, explicaba con voz tierna Manuel. “La cigueña se equivocó, trajo a casa un niño en vez de un buitre. Siempre me han gustado, siempre he querido ir con ellos. De pequeño me escapaba al muladar, me metía en una carcasa vieja y los esperaba”. ¿Y tienes todos los dedos?, inquirí en un susurro. “Todos”. Manuel continuó como si narrara un cuento en aquel ambiente sepulcral, en el que solo se oía el trasegar de carne y huesos. “Siempre he creído que llevaban las almas al paraíso”. El comentario conjuró en mí imágenes mucho menos amables de descarnamiento en el Tíbet. Cerré los ojos y al abrirlos me encontré frente a frente con la mirada de un buitre que a lo mejor se pensó que yo estaba muerto. Pegué un bote. Puso cara de decepción.
“Hora de marcharse”, anunció Manuel. Nos dijo que él se quedaba un poco más, gozoso de estar a solas con ellos. ¿Qué les vas a explicar, Manuel? “He de romper el hechizo, para que vuelvan a ser salvajes”, respondió, y supe que no era una broma. Y allí se quedó. A veces se duerme entre ellos. Al cabo de un rato volví la cabeza y me pareció que hablaba con las aves. El hombre que susurraba a los buitres. Lo observé, tendido, rodeado de los grandes pájaros que parecían escucharle atentamente, con cariño, casi con una suerte de amor. Y, para mi sorpresa, de vuelta entre la gente, me di cuenta de que sentía por el hombre de los buitres no solo una gran admiración, sino una enorme envidia.

Más de 80 personas con discapacidad conocen de cerca el Parque Natural de Guara

M. Ambiente
17/11/2012

Más de 80 personas con discapacidad conocen de cerca el Parque Natural de Guara

Más de 80 personas con diversidad funcional han participado este sábado en una jornada sobre accesibilidad en el Parque Natural de Guara. El encuentro ha sido organizado por Sarga y el Ayuntamiento de Huesca y se enmarca en el programa “Otoño Natural”.

Imagen del Parque Natural de Guara
Mirador de Santa Cilia de Panzano
Zaragoza.- El Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara ha sido este sábado el escenario de la “VI Jornada sobre accesibilidad”, un encuentro organizado por el Ayuntamiento de Huesca y la Oficina de desarrollo socioeconómico de Guara, integrada en el Departamento de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente del Gobierno de Aragón, y gestionada a través de Sarga.
En total, han participado 80 personas con discpacidad que pertenecen a Atades, Asapme, Asza, Fundación Agustín Serrate, Aspace, Down y Cruz Blanca.
El objetivo de esta iniciativa ha sido dar a conocer a colectivos de personas con diversidad funcional, los valores naturales y paisajísticos de este entorno natural protegido y, así, contribuir a hacer realidad el objetivo de "turismo para todos" promovido desde el Departamento.
La jornada, que se enmarca en el programa "Otoño Natural", ha comenzado en el sendero adaptado que bordea el embalse de Vadiello y termina en un mirador. A continuación, el grupo, acompañado en todo momento por un educador ambiental, se ha desplazado hasta el observatorio de aves de Santa Cilia de Panzano situado sobre un muladar y desde donde se han podido divisar diversas aves carroñeras como quebrantahuesos, buitres y alimoches. Para finalizar, los asistentes han visitado la Quesería de Sieso de Huesca que también cuenta con instalaciones adaptadas.
El Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara, reconocido recientemente con el “Título de Accesibilidad y Adaptabilidad” en la categoría de accesible, dispone de doce infraestructuras de uso público certificadas: los centros de interpretación de Bierge y Arguis, los observatorios de aves de Alquezar, Nueno y Santa Cilia del Panzano, los miradores del Vero, Salto Roldán, Vadiello y Calcón y los senderos de La Tamara, Encina de Lecina y el botánico de Bierge.
El “Plan de Accesibilidad del Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara”, impulsado por el Departamento, no sólo contempla la adecuación de las instalaciones del Parque sino también la puesta en marcha de jornadas y actuaciones de sensibilización, como las realizadas en el marco del programa “Otoño Natural”.
Estas acciones han promovido que buena parte del sector turístico del territorio, ayuntamientos y comarcas adapten sus propias infraestructuras turísticas. 

Vuelven las Rutas Senderistas a la Hoya de Huesca

Vuelven las Rutas Senderistas a la Hoya de Huesca


Con el inicio del otoño, se retoman las rutas senderistas en la comarca Hoya de Huesca, que se desarrollan a lo largo de tres domingos del mes de noviembre. Tras haber realizado la primera salida este pasado domingo, la siguiente cita es el día 18 y la ruta propone recorrer Used, cabezo de Guara, Ballemona y Santa Cilia de Panzano.
La ruta del próximo domingo tiene una duración de siete horas y un desnivel de subida de 743 metros, el de bajada es de 1.140 metros.
El 25 de noviembre la ruta senderista discurrirá por Bentué de Rasal, Pozo de Hielo Bolea, San Cristobal y Bolea. Son 6 horas con un desnivel de subida de 460 metros y de bajada de 657.
El coste de cada excursión es de 10 euros. El jueves anterior a cada salida se cerrará la inscripción. La participación está limitada a 50 personas. Las salidas son a las 8:30 desde la estación intermodal.

Santa Cilia de Panzano mejora sus accesos

Naval y Santa Cilia de Panzano mejoran sus accesos

por  
La DPH moderniza el acceso al municipio de Naval. Se ha adjudicado esta actuación por un total de 210.00 euros. Además, la DPH ha destina cerca de 160.000 euros para la mejora del firme de la carretera de acceso a Santa Cilia de Panzano, en el término municipal de Casbas de Huesca.

La Diputación Provincial de Huesca, a través de su área de Obras y Cooperación, continúa trabajando en la mejora de los accesos a los pueblos altoaragoneses. Recientemente ha adjudicado la obra que va a permitir modernizar los 750 metros de vía que comunican Naval con la carretera A-2208.


La obra la ejecutará Hormigones Grañén y el presupuesto para la misma supera los 210.000 euros. El objetivo es mejorar y modernizar el principal acceso a Naval. La obra aprovechará gran parte del trazado actual con el fin de minimizar el impacto en el entorno.

Entre la actuación se contempla ampliar la calzada hasta los seis metros de ancho y la adecuación de los arcenes. Además se mejorarán y se suavizarán las curvas existentes, incluso en una de ellas se dará una anchura a la calzada de hasta nueve metros con el objetivo de garantizar la seguridad en la conducción de los vehículos.

El proyecto contempla también la mejora del firme así como la colocación de barrera de seguridad y la instalación de señalización vertical y horizontal. Esta actuación en el entorno inmediato de Naval viene a sumarse a las realizadas con anterioridad en la carretera que comunica este acceso con el núcleo de Suelves. En esta vía se ha desarrollado ya la mejora de casi dos kilómetros.

SANTA CILIA DE PANZANO

Por otra parte, y enmarcado en las actuaciones constantes que la Diputación de Huesca realiza en la mejora de accesos y carreteras de titularidad municipal y provincial, recientemente se ha adjudicado, por casi 160.000 euros, la actuación que va a permitir reforzar el firme del acceso al núcleo de Santa Cilia de Panzano desde la carretera autonómica 1.227, en el término municipal de Casbas de Huesca.

En total se va a mejorar el firme con una nueva capa en los casi dos kilómetros de longitud de este acceso. En anteriores anualidades la Diputación de Huesca ya había invertido en el ensanche y mejora de este acceso. Hormigones Grañén ejecutará el refuerzo del firme.

El diputado responsable del área de Cooperación y Obras de la DPH, Armando Borraz, ha recordado que “gracias a este tipo de actuaciones se mejoran accesos y conexiones entre pueblos pequeños que son utilizadas, básicamente, por los habitantes de los pueblos, fomentando el contar con mejores y más seguras carreteras secundarias”.

Además, Borraz se ha referido también a la actividad económica que este tipo de inversión pública genera entre las pequeñas y medianas empresas del territorio. La Diputación Provincial de Huesca posee la titularidad de unos 500 kilómetros de carreteras y además se dedica a la conservación de otros 900 kilómetros de carreteras municipales y accesos.

Gracias a esta actividad, la Diputación de Huesca mantiene su cometido de trabajar para “conseguir un desarrollo equilibrado de todos los municipios de la provincia, en este caso en concreto gracias a la mejora de comunicaciones”.

Flora de Santa Cilia de Panzano 04 (Agosto 2012)

Los amigos de Biodiversidad virtual me han ayudado a identificar estas plantas: 
Familia: Boraginaceae. Nombre científico: Heliotropium europaeum. Nombre común: Verruguera, cola de mardano, yerba cornuda. 

Nombre común: Berenjena borde. Nombres alternativos o locales: Cachorreras (Pina de Ebro (Z), San Juan de Flumen, Hu). Carruchero (Ontinar de Salz, Z). Cerón (Morata de Jalón, Z). Garrucha, garrocheras. Familia: Asteráceas / Asteraceae. Género: Arrancamoños / Xanthium

Familia: Umbelliferae. Nombre científico: Daucus carota subsp. carota. Nombre común: Zanahoria silvestre.

Nombre común: Tornasol. Familia: Euphorbiáceas / Euphorbiaceae. Especie: Chrozophora tinctoria.

Familia: Primulaceae Nombre científico: Anagallis foemina Nombre común: Murajes, yerba de las güebras

View My Stats Nota Legal: Todo el contenido de esta página esta bajo la licencia GFDL de la Free Software Fundation. Lee su contenido oficial en: http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html o su traducción española gnu en: http://es.gnu.org/Licencias/fdles.html Lo que viene a decir es que cualquiera es libre de copiarla, redistribuirla y modificarla de manera comercial o no, siempre y cuando se siga manteniendo esa libertad, se reconozca la autoría de la misma, a la vez que que no se considera al autor responsable de las modificaciones realizadas por terceros.